Después de casi un mes de ausencia de mi país, me encuentro con la noticia del horrible asesinato de Nagore Laffage, de 20 años, y el reprobable veredicto de un jurado popular en un juicio que parece haber juzgado con más crueldad a la asesinada. Un día después de la fecha emblemática del 25 de noviembre, ya institucionalizada como el día de la violencia de "género", no veo el modo de evitar señalar este caso repugnante de violencia contra una mujer, y también que SEIS mujeres MENORES DE CUARENTA AÑOS y tres hombres eran los componentes del jurado popular que ha considerado que el asesino de Nagore Laffage no era un asesino; que el individuo José Diego Yllanes (que no se nos olvide nunca este nombre, que no se nos olvide), un psiquiatra de 27 años que trabajaba en el mismo lugar donde Nagore hacía sus prácticas como estudiante de Enfermería, un sujeto que la golpeó salvajemente y después la estranguló con una sola mano, no es un asesino. No es un asesino, no, ha sentenciado el jurado (¡popular!), no tenía la intención de matar el que intentó trocear su cadáver, le cortó un dedo, introdujo su cuerpo en bolsas, limpió el piso donde había cometido la atrocidad, cogió el coche de su padre y arrojó el cuerpo de Nagore a un rincón cualquiera cerca de Pamplona.jueves, 26 de noviembre de 2009
Nagore Laffage, in memoriam
Después de casi un mes de ausencia de mi país, me encuentro con la noticia del horrible asesinato de Nagore Laffage, de 20 años, y el reprobable veredicto de un jurado popular en un juicio que parece haber juzgado con más crueldad a la asesinada. Un día después de la fecha emblemática del 25 de noviembre, ya institucionalizada como el día de la violencia de "género", no veo el modo de evitar señalar este caso repugnante de violencia contra una mujer, y también que SEIS mujeres MENORES DE CUARENTA AÑOS y tres hombres eran los componentes del jurado popular que ha considerado que el asesino de Nagore Laffage no era un asesino; que el individuo José Diego Yllanes (que no se nos olvide nunca este nombre, que no se nos olvide), un psiquiatra de 27 años que trabajaba en el mismo lugar donde Nagore hacía sus prácticas como estudiante de Enfermería, un sujeto que la golpeó salvajemente y después la estranguló con una sola mano, no es un asesino. No es un asesino, no, ha sentenciado el jurado (¡popular!), no tenía la intención de matar el que intentó trocear su cadáver, le cortó un dedo, introdujo su cuerpo en bolsas, limpió el piso donde había cometido la atrocidad, cogió el coche de su padre y arrojó el cuerpo de Nagore a un rincón cualquiera cerca de Pamplona.domingo, 25 de octubre de 2009
Claude Cahun y la identidad

Tal día como hoy, en Nantes, en 1894, nació Claude Cahun, pseudónimo de Lucy Renée Mathilde Schwob, y murió en Saint-Hélier, Isla de Jersey, 8 de diciembre de 1954. Fue fotógrafa y escritora. Sobrina del escritor Marcel Schwob, Lucy Schwob adoptó el nombre de Claude Cahun en honor de su tío-abuelo Léon Cahun. En los años 20 se instaló en París con su pareja Suzanne Malherbe (Marcel Moore) y comenzó a publicar artículos y relatos en el periódico Mercure de France. Entre sus amistades se encontraban Henri Michaux, Pierre Morhange y Robert Desnos.En 1929, la revista Bifur publicó una de sus fotografías. En esta misma época se unió al grupo del teatro le Plateau, animado por Pierre Albert-Birot.
El año siguiente publicó su ensayo autobiográfico Aveux non avenus (traducción aproximada: Confesiones mal avenidas), ilustrado con fotomontajes.
En la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, a la que se adhirió, estableció relaciones con André Breton y René Crevel, lo cual la llevó a asociarse al grupo surrealista. En 1934, publicó Les Paris sont ouverts (Los París están abiertos).
En 1935, con André Breton y Georges Bataille, participó en la fundación de la revista Contre Attaque.
En 1936, expuso en París durante la Exposición surrealista de objetos (22 al 29 de mayo) y en Londres en la Exposición Internacional Surrealistaen las galerías Burlington.
En 1937, Lise Deharme publicó el poema Le cœur de Pic (El corazón de picas), ilustrado con veinte fotografías de Claude Cahun.
Durante la Segunda Guerra Mundial se instaló en la isla de Jersey, en donde había comprado una casa unos años antes. Fue detenida por participar en acciones de la resistencia contra la ocupación nazi y estuvo a punto de ser ejecutada.



jueves, 15 de octubre de 2009
Elinor Ostrom
En pleno vuelo, te enteras de la noticia del compartido Premio Nobel de Economía. Tal vez no podía ser de otro modo, piensas mientras atraviesas las nubes. Cuando eres pequeña, no se te ocurre nunca que traspasarás las nubes, ni siquiera piensas que son "atravesables", todas ellas tan "algodonosas" y compactas, y así huir a lugares peores o mejores, oscuros o soleados, tanto da, al cabo siempre son deseables. Cuando eres pequeña nunca piensas en los Premios, qué son, qué significan, si son justos o qué... Una mujer gana por primera vez el Nobel de Economía, tiene que ser compartido con un hombre. Miras hacia abajo, lagos, bosques, y sí, tal vez demasiadas chimeneas... Puedes no saber qué significan los Premios, pero sabes de sobra qué significa la Economía en este mundo. Aterrizas.
lunes, 12 de octubre de 2009
Exhibición de atrocidades #5
Otro ser humano comparte junto a Romell Broom la triste estadística de haber sobrevivido a su ejecución en Estados Unidos: Willie Francis compartió la angustiosa idea de que debería estar muerto, pero seguía respirando. Con los músculos destrozados como si le hubieran "cortado con cuchillas", Francis trastabilló los primeros pasos, pero acabó abandonando la sala de ejecuciones por su propio pie después de haber soportado una descarga de 2.500 voltios. Dos veces. "¡Quítenmela, quítenmela!", suplicó Francis a sus verdugos en referencia a la capucha de cuero que le cubría la cara y sujetaba su cabeza a la silla eléctrica. "¡No puedo respirar!", gritó tras recibir la primera descarga. "¡Se supone que no debes respirar!", dio por toda respuesta el capitán Foster tras posar una mirada incrédula sobre el condenado. A continuación aplicó una nueva descarga sobre el cuerpo de 17 años del negro condenado por asesinato.
jueves, 8 de octubre de 2009
Duodécima mujer que recibe el Premio Nobel de Literatura
La escritora Herta Müller, noveslista, poeta y ensayista, ha recibido el Premio Nobel este año. Está claro que el Premio es fundamentalmente masculino, en toda su historia lo han recibido 650 hombres frente a 31 mujeres. En literatura, la última escritora que lo recibió fue Doris Lessing en 2007. La primera mujer que ganó el prestigioso galardón fue la sueca Selman Lagerloff, en 1909 y en lengua española sólo la chilena Gabriela Mistral lo obtuvo en 1945.Transcribo uno de los relatos de su libro El hombre es un gran faisán en el mundo, Siruela, 1992.
LA DALIA BLANCA
En plena canícula de agosto, la madre del carpintero bajó una sandía al pozo con el cubo. El pozo hacía olas en torno al cubo. El agua gorgoteaba en torno a la cáscara verde. El agua enfrió la sandía. La madre del carpintero salió al jardín con el cuchillo grande. El sendero del jardín era una acequia. La lechuga había crecido. Tenía las hojas pegadas por la leche blancuzca que se forma en los cogollos.
La madre del carpintero bajó por la acequia con el cuchillo. Allí donde empieza la valla y termina el jardín, florecía una dalia blanca. La dalia le llegaba al hombro. La madre del carpintero se pasó un buen rato oliendo los pétalos blancos. Inhalando el perfume de la dalia. Luego se frotó la frente y miró el patio.
La madre del carpintero cortó la dalia blanca con el cuchillo grande. «La sandía fue un simple pretexto», dijo el carpintero después del entierro. «La dalia fue su hado fatal.» y la vecina del carpintero dijo: «La dalia fue una visión».
«Como este verano ha sido tan seco», dijo la mujer 'del carpintero, «la dalia se llenó de pétalos blancos y enrollados. Floreció hasta alcanzar un tamaño nada común para una dalia. Y como no ha soplado viento este verano, no se deshojó. La dalia ya llevaba tiempo muerta, pero no podía marchitarse».
«Eso no se aguanta», dijo el carpintero, «no hay quien aguante algo así».
Nadie sabe qué hizo la madre del carpintero con la dalia que había cortado. No se la llevó a su casa. Ni la puso en su habitación. Ni la dejó en el jardín.
«Llegó del jardín con el cuchillo grande en la mano», dijo el carpintero. «Había algo de la dalia en sus ojos. El blanco de los ojos se le había secado.»
«Puede ser», dijo el carpintero, «que mientras esperaba la sandía hubiese deshojado la dalia. En su mano, sin dejar caer un solo pétalo a tierra. Como si el jardín fuera una habitación».
«Creo», dijo el carpintero, «que cavó un hoyo en la tierra con el cuchillo grande y enterró ahí la
dalia».
La madre del carpintero sacó el cubo del pozo ya al caer la tarde. Llevó la sandía a la mesa de la cocina. Con la punta del cuchillo perforó la cáscara verde. Luego giró el brazo describiendo un círculo con el cuchillo grande y cortó la sandía por la mitad. La sandía crujió. Fue un estertor. Había estado viva en el pozo y sobre la mesa de la cocina, hasta que sus dos mitades se separaron. La madre del carpintero abrió los ojos, pero como los tenía igual de secos que la dalia, no se le abrieron. mucho. El zumo goteaba de la hoja del cuchillo. Sus ojos pequeños y llenos de odio miraron la pulpa roja. Las pepitas negras se encabalgaban unas sobre otras como los dientes de un peine.
La madre del carpintero no cortó la sandía en rodajas. Puso las dos mitades delante de ella, y con la punta del cuchillo fue horadando la pulpa roja. «En mi vida había visto tanta avidez en un par de ojos», dijo el carpintero.
El líquido rojo empezó a gotear en la mesa de la cocina. Le goteaba a ella por las comisuras de los labios. Las gotas le chorreaban por los codos. El líquido rojo de la sandía se fue pegando al suelo.
«Mi madre nunca había tenido los dientes tan blancos y fríos», dijo el carpintero. «Mientras comía
me dijo: "No me mires así, no me mires la boca". Y escupía las pepitas negras sobre la mesa.»
«Yo desvié la mirada. No me fui de la cocina. La sandía me daba miedo», dijo el carpintero. «Luego miré por la ventana. Por la calle pasó un desconocido.
Caminaba deprisa, hablando consigo mismo. Detrás de mí, oía a mi madre perforar la pulpa con el cuchillo.
La oía masticar. Y deglutir. "Mamá", le dije sin mirada, "deja ya de comer".»
La madre del carpintero levantó la mano. «Empezó a gritar y yo la miré porque gritaba muy fuerte», dijo el carpintero. «Me amenazó con el cuchillo. "Esto no es un verano y tú no eres un hombre", chilló.
"Siento una presión en la frente. Me arden las tripas. Este verano despide el fuego de todos los años. Sólo la sandía me refresca".»
miércoles, 7 de octubre de 2009
domingo, 13 de septiembre de 2009
Hermafroditas (II)

El caso más conocido de hermafroditismo humano es el de Herculine Barbin, quien nació en Francia en 1838. Como su familia era pobre, consiguió una beca para estudiar en un convento de ursulinas. Según se cuenta en sus memorias, Herculine se enamoró de una amiga en el colegio en cuya habitación se colaba por las noches y las monjas solían castigarla por ello. Tras terminar sus estudios en 1856, se trasladó a otra ciudad para estudiar magisterio, donde se enamoró de una de sus maestras. Aún cuando ya había pasado la pubertad, Herculine no menstruaba ni tenía pecho. Además, tenía que afeitarse el bigote y la barba. Poco después, le ofrecieron un puesto como docente en una escuela y ahí se enamoró de otra profesora, con quien tuvo un romance.Tiempo después, en 1860, fue examinada por el famoso médico Chesnet quien descubrió que tenía una pequeña vagina y un pequeño pene. El asunto habría de resolverse en los juzgados donde, tras analizar la evidencia médica, se determinó que Herculine era en realidad hombre, tras lo cual cambió su nombre a Abel. Se mudó a París donde vivió en la pobreza y comenzó a escribir sus memorias. En febrero de 1868 fue encontrado muerto por el conserje del edificio. Abel (Herculine) Barbin se había suicidado usando gas. Las memorias, ya terminadas, se encontraban sobre su cama y fueron publicadas más adelante por Auguste Ambroise Tardieu. El “Hermafroditismo” se da cuando una persona tiene órganos sexuales pertenecientes a ambos sexos, y ya que Semenya, según las pruebas que se le han realizado, no posee útero ni ovarios sino un buen par de testículos en el abdomen, lo más probable es que se trate de un caso de pseudohermafroditismo masculino. Es decir: Un individuo que es hombre pero cuyos testículos no descendieron y cuyo pene no se desarrolló, quedando en estado vestigial y semejando un clítoris, pudiendo incluso tener una vagina rudimentaria. En estos casos, la anatomía genital externa puede ser casi indistinguible de la de una mujer. En el pseudohermafroditismo femenino (más raro que el anterior), se trata de una mujer cuyo clítoris creció excesivamente simulando un pequeño pene, pero sin testículos y con ovarios y a veces con útero.
Recordemos que “embriológicamente”, todos somos hembras, y que son las hormonas masculinas las que posteriormente nos transforman fenotípicamente en varones o no. Sin embargo, la prueba definitiva (que es muy simple) es la genética: ¿Castor Semenya tiene cromosomas sexuales XX o XY? No lo sabemos. Mientras tanto, es probable que Semenya sea desposeída de sus marcas y medallas, ya que las reglas de la FIA (IAAF, Federación Internacional de Atletismo) no incluyen a hermafroditas o pseudohermafroditas en sus categorías competitivas, y la testosterona (6 veces lo normal) que fluye por las venas de Semenya de forma natural (no se trata de un caso de “dopaje”) le dio una ventaja competitiva que sus contrincantes no pseudohermafroditas no tuvieron. El género es otra cuestión. Caster Semenya fue criada como mujer y ella se considera mujer. Psicológicamente es, pues, una mujer. Por lo que desde este punto de vista no hay problema ni conflicto y puede llevar una vida completamente normal con el sexo asignado, aunque no pueda de concebir.

