miércoles, 28 de enero de 2009

Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir nació el mes de enero de hace 101 años. Como es la "jefa de todo esto" hay mucho que recordar de ella. Ahora, como homenaje, reproduzco el primer párrafo de la introducción de un libro que se publicó en 1949 pero que debemos tener en la cabeza y en/de cabecera:
DURANTE mucho tiempo dudé en escribir un libro sobre la mujer. El tema es irritante, sobre todo para las mujeres; pero no es nuevo. La discusión sobre el feminismo ha hecho correr bastante tinta; actualmente está punto menos que cerrada: no hablemos más de ello. Sin embargo, todavía se habla. Y no parece que las voluminosas estupideces vertidas en el curso de este último siglo hayan aclarado mucho el problema. Por otra parte, ¿es que existe un problema? ¿En qué consiste? ¿Hay siquiera mujeres? Cierto que la teoría del eterno femenino cuenta todavía con adeptos; estos adeptos cuchichean: «Incluso en Rusia, ellas siguen siendo mujeres.» Pero otras gentes bien informadas ‑incluso las mismas algunas veces‑ suspiran: «La mujer se pierde, la mujer está perdida.» Ya no se sabe a ciencia cierta si aún existen mujeres, si existirán siempre, si hay que desearlo o no, qué lugar ocupan en el mundo, qué lugar deberían ocupar. «¿Dónde están las mujeres?», preguntaba recientemente una revista no periódica. Pero, en primer lugar, ¿qué es una mujer? «Tota mulier in utero: es una matriz», dice uno [TOTA MULIER EST IN UTERO: «Toda la mujer consiste en el útero». Para indicar que la mujer está condicionada por su constitución biológica.] Sin embargo, hablando de ciertas mujeres, los conocedores decretan: «No son mujeres», pese a que tengan útero como las otras. Todo el mundo está de acuerdo en reconocer que en la especie humana hay hembras; constituyen hoy, como antaño, la mitad, aproximadamente, de la Humanidad; y, sin embargo, se nos dice que «la feminidad está en peligro»; se nos exhorta: «Sed mujeres, seguid siendo mujeres, convertíos en mujeres.» Así, pues, todo ser humano hembra no es necesariamente una mujer; tiene que participar de esa realidad misteriosa y amenazada que es la feminidad. Esta feminidad ¿la secretan los ovarios? ¿O está fijada en el fondo de un cielo platónico? ¿Basta el frou‑frou de una falda para hacer que descienda a la Tierra? Aunque ciertas mujeres se esfuerzan celosamente por encarnarla, jamás se ha encontrado el modelo. Se la describe de buen grado en términos vagos y espejeantes que parecen tomados del vocabulario de los videntes. En tiempos de Santo Tomás, aparecía como una esencia tan firmemente definida como la virtud adormecedora de la adormidera. Pero el conceptualismo ha perdido terreno: las ciencias biológicas y sociales ya no creen en la existencia de entidades inmutablemente fijas que definirían caracteres determinados, tales como los de la mujer, el judío o el negro; consideran el carácter como una reacción secundaria ante una situación. Si ya no hay hoy feminidad, es que no la ha habido nunca. ¿Significa esto que la palabra «mujer» carece de todo contenido? Es lo que afirman enérgicamente los partidarios de la filosofía de las luces, del racionalismo, del nominalismo: las mujeres serían solamente entre los seres humanos aquellos a los que arbitrariamente se designa con la palabra «mujer»; las americanas en particular piensan que la mujer, como tal, ya no tiene lugar; si alguna, con ideas anticuadas, se tiene todavía por mujer, sus amigas le aconsejan que consulte con un psicoanalista, para que se libre de semejante obsesión. A propósito de una obra, por lo demás irritante, titulada Modern Woman: a lost sex, Dorothy Parker ha escrito: «No puedo ser justa con los libros que tratan de la mujer en tanto que tal... Pienso que todos nosotros, tanto hombres como mujeres, quienes quiera que seamos, debemos ser considerados como seres humanos.»
¿Qué opináis?

2 comentarios:

Hoy, artista dijo...

Ahhh! Simone es una gran inspiración. Has leído Tete-a-tete? Bueno, es como una telenovela pero de la vida real y mejor. Me encantó The Mandarins (voy a tener que ver como se dice en español!) Todavía me dan escalofríos cuando me acuerdo de algunas partes. The Second Sex lo tengo pero no lo he leído completo porque... es más pesado. Gracias por la entrada!

Carmen Velasco dijo...

Sí lo leí, la relación de Simone y Sartre fue en el pasado un modelo casi "mítico", hasta que me enteré de ciertas cosas y el paso del tiempo (tal vez la vida) desmoronó muchos mitos... que sea para bien... Por cierto, en español The Mandarins se llamó igual, Los mandarines. El segundo sexo es un libro teórico que quizá hay que leer por partes, claro, para mí es como de cabecera, la base de la teoría digamos "feminista" actual, aunque no me gusta tanto esa palabra por múltiples motivos pero ahora no me viene otra... Me gusta mucho La invitada, ¿lo has leído?, esa relación ¿tortuosa? a tres... Gracias por estar ahí, tan cerca... Besos!