lunes, 8 de marzo de 2010

Bigelow, bien... vale..., pero... lamentable discurso!!!

Kathryn Bigelow es directora de cine, guionista y productora estadounidense y la primera mujer en la historia en ganar el Oscar a la mejor dirección. Acaba de ganar seis Oscar por The Hurt Locker, pero su discurso de agradecimiento pro-ejército deja mucho que desear.
Su filmografía:

1983 Los amantes, con Willem Dafoe

1987 Near dark (Cuando cae la oscuridad)

1990 Acero azul, con Jamie Lee Curtis

1991 Le llaman Bodhi, con Keanu Reeves y Patrick Swayze

1995 Días extraños, con Ralph Fiennes, Angela Bassett y Juliette Lewis

2000 El peso del agua, con Sean Penn, Elizabeth Hurley y Sarah Polley

2002 K-19, con Harrison Ford y Liam Neeson

2009 The Hurt Locker (En tierra hostil)

sábado, 6 de marzo de 2010

Alicia, ya no?

"Las mujeres hemos servido todos estos siglos de espejos, con el poder, mágico y delicioso, de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño natural", dijo Viginia Woolf, y ahora sí, en 3D!, después del 8 de marzo, el 16 de abril, Alice vuelve al mundo mágico de su aventura de infancia, donde se reúne con sus viejos amigos y aprende muchas, muchas cosas...

sábado, 6 de febrero de 2010

Contra la ablación de clítoris...


La ablación del clítoris de la mujer es una práctica brutal habitual en varios lugares de África, Asia y Oriente Medio. Amparándose en la tradición, la religión, y la espiritualidad, se extirpa el clítoris y parte o todos los labios mayores. Esto se conoce como ablación. También puede practicarse una especie de circuncisión absoluta que es la extirpación del clítoris, los labios, una parte del útero y se cose una parte de la vagina. Esta práctica tenebrosa y sanguiniaria afecta a unos 130 millones de mujeres en el mundo.
Como es de suponer, tras estas atroces prácticas los problemas para las mujeres son muy numerosos. Uno de ellos es que las embarazadas que las sufrieron pueden necesitar una cesárea de emergencia o sufrir desgarros graves durante el parto. Si en occidente un nueve por ciento de estas mujeres de sufren desgarros, con todos los avances médicos a su alcance, lo que ocurre en sus lugares de origen es difícil de imaginar.
Las consecuencias a largo plazo de estas mutilaciones van desde problemas menstruales, quistes e infecciones crónicas de la pelvis hasta la infertilidad. La ablación provoca, consecuentemente, todo tipo de estados de ansiedad, depresión y ataques de pánico.
En nuestro país, y más concretamente en Cataluña, corren el riesgo de sufrir ablación de clítoris un total de 6.056 menores de veinte años, las familias de las cuales proceden de países africanos como Senegal, Gambia, Etiopía y Egipto, donde hay etnias que practican la mutilación genital femenina.
Estas culturas obligan a la mujer que se va a casar a ser mutilada previamente.
Lo siento, lo siento. Mientras escribo estas líneas mis dedos tiemblan y se disponen a parar esas gotas que corre por mis mejillas. Agua impotente acumulada. Es urgente que consigamos erradicar esta práctica demencial, esta horrible agresión contra las mujeres.

lunes, 25 de enero de 2010

Lita Cabellut


Lita Cabellut, barcelonesa, expone en el CAC de Málaga unos lienzos que plasman la virulencia de los rostros del ambiente de El Raval, repleto de carteristas, artistas callejeros y prostitutas.

domingo, 24 de enero de 2010

Haití


(Foto de Patrick Farrell, en The Miami Herald, sobre la tragedia ocurrida en Haití debido a las inundaciones en 2008)

La devastadora naturaleza ha llevado a Haití a la espeluznante situación que vemos diariamente en los medios de comunicación. Cada día me pregunto dónde están los ricos (o la clase media, o media-alta, si la hay) y qué ha ocurrido con sus viviendas. En este artículo de Fernando Krakowiak he podido vislumbrar algo de otra cara, oculta y hurtada, de esta república antillana:

En noviembre tuve la oportunidad de visitar Puerto Príncipe durante diez días y lo que más me llamó la atención no fueron los pobres sino los ricos que viven en Haití y suelen pasar desapercibidos en la mayoría de las crónicas periodísticas. En el imaginario social que esos relatos ayudan a construir, Haití es sinónimo de hambre y desolación, pero su característica más distintiva no es la pobreza sino la desigualdad, lo que deja entrever que a algunos no les va tan mal. De hecho, el coeficiente Gini, que mide el grado de concentración del ingreso, es el más alto de toda América con 0,66, incluso por encima de Brasil que tiene 0,61. El primer indicio sobre esta situación lo tuve al ver circulando por las polvorientas calles de la ciudad algunas camionetas último modelo Hummer, Ford, Nissan, Toyota y Mitsubishi. Sin embargo, la sorpresa mayor me la llevé cuando fui a hacer las compras. En las góndolas de uno de los Big Market del barrio PétionVille encontré una amplia variedad de productos importados que iban del whisky Chivas Brothers proveniente de Escocia hasta la leche entera larga vida Elle & Vire importada de Francia, pasando por el Cognac Hennessy del mismo origen, la margarina Marienne de Noruega y el jugo Ceres de Sudáfrica. Había una góndola sólo con comida y shampoos para perros y gatos y otra con todo tipo de hierbas e infusiones para adelgazar, algo llamativo en un país donde, ya antes del terremoto, el 23,8 por ciento de la población padecía malnutrición crónica y el 61 por ciento de los chicos menores de cinco años sufría anemia. Cerca del hotel donde me hospedaba también encontré una galería comercial que no tenía nada que envidiarle al Patio Bullrich y una casa de venta de cerrojos de última generación. No fue fácil localizar las mansiones que demandaban esos bienes de lujo y los dispositivos de seguridad para preservarlos. Hubo que adentrarse en la montaña para ver las fortalezas “medievales” de piedra ubicadas en Boutelliers y Kenskoff, dos barrios que fueron apenas afectados por el sismo. Allí viven banqueros, importadores, industriales, los dueños de las maquilas y de las empresas de servicios públicos que ganaron las privatizaciones de los ’90, porque en Haití no hay mucho, pero todo es privado y está en manos de unos pocos empresarios, entre los que se destacan Edouard Baussan, Richard Coles, Gilbert Bigio, Gregory Mevs y Réginald Boulos. Ellos son la cara visible de una elite que vive con un pie en Estados Unidos. No sólo por los vínculos comerciales que mantienen con capitales estadounidenses, sino porque pasan gran parte de su tiempo en la Florida. Antes de que ocurriera la tragedia, Air Caraïbes ofrecía cuatro vuelos diarios a Miami, American Airlines tres, United Airlines dos y Delta, Spirit, Copa y Air France uno cada una, pese a que el turismo extranjero prácticamente no viaja a Puerto Príncipe. De hecho, para la elite haitiana la visa norteamericana es más importante que el agua. Por eso no es de extrañar que en medio de la tragedia provocada por el terremoto avalen el desembarco de los marines, quienes por estos días controlan la seguridad en puntos clave de la ciudad, como el aeropuerto y las ruinas del Palacio Presidencial. Para ellos no es una “invasión” porque cada vez que sus negocios estuvieron en riesgo por la recurrente inestabilidad política y social se reposaron sobre la principal potencia continental a la espera de que pusiera orden. Siempre necesitaron a las tropas estadounidenses para asegurarse de que nada cambie. De hecho, fueron los marines quienes en febrero de 2004 forzaron la renuncia de Jean Bertrand Aristide y lo llevaron al exilio cuando el entonces presidente avanzó con algunas reformas sociales poniendo privilegios en riesgo. Ahora tampoco están dispuestos a que el terremoto permita barajar y dar de nuevo. Confían en los marines para volver a descansar en la cima de las montañas, lejos de los pobres y cerca de Estados Unidos.