sábado, 15 de mayo de 2010

Semillas #1

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Acabo de ver Michael Clayton, la película de 2007 claro, y me encanta, sí. Ese plano final de George Clooney (de más de dos minutos, arriba lo tenéis): acaba de coger el taxi amarillo tan neoyorkino. Ese plano final del rostro relajado de Clooney: ese guapo hombre maduro, ese rostro trabajado para seducir, con sus ojeras, su mirada perdida mientras el taxi avanza por las glamourosas calles de NY. Ese plano secuencia final: el rostro de Clooney pasando de la seriedad del que ha hecho lo debido para acabar con una sonrisa agazapada, tiene muchos matices aunque no todos: la comisura apenas elevada y, por fin, una amplia sonrisa del que lo ha ganado todo honestamente.
Luego están los créditos, voy leyéndolos sin sorpresa, me gusta leer y me gusta leerlos; y veo el nombre del director (el prestigioso Tony Gilroy ), la fotografía a cargo de , Robert Elswit, la música de James Newton Howard, el equipo al completo… veo la dirección de casting, por fin el primer nombre femenino!!!, Ellen Chenoweth, veo que estamos hechas para el casting… Es una película conmovedora, sin duda, bien realizada, que gusta, los americanos son capaces de tirar a dar contra sus propias instituciones. Es además ecologista, pro derechos humanos y tantas cosas más… es la segunda vez que la veo, sí, pero ahora… pienso en el personaje femenino, esa actriz que hizo el memorable papel de Orlando, una actriz de culto, la elegante Tilda Swinton y me asalta la pregunta, ¿cómo ha podido aceptar un papel así? Sí, puede que le pasara lo que a mí la primera vez, o tal vez no. Pero puede que el papel le resultara redondo en su maldad femenina intrínseca, que esa soltera ejecutiva madura, adicta al trabajo, esa soltera histérica casi una criminal y asesina que toma las decisiones más duras y sucias y que carga con las culpas de toda una corporación de ricos magnates, como “una jesucrita” pervertida, le resultara irresistible. Y lo entiendo, entiendo que estamos atrapadas en muchas cosas, que la profesión te exige retos y que por otro lado una buena película y un tío bueno son factores determinantes. Pero un papel como ése...
El problema, para mí, son las semillas (Semillas del maldad, como la otra película?). Semillas que siguen cayendo, navegando en la masa gris de nuestro consciente, penetrando la masa blanda de nuestros horizontes cognitivos, de todas, de todos, y así avanzamos hacia otros laberintos; los mismos modos, lo mismo.

1 comentario:

NEO dijo...
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