viernes, 24 de abril de 2009

Rita Levi-Montalcini cumple 100 años

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Nació el 22 de abril de 1909. A lo largo de sus cien años de vida Rita Levi-Montalcini ha escrito varios libros como su autobiografía Elogio de la imperfección o su último ensayo publicado en España en 2005, Tiempo de cambios. Nacida en Turín, fue la mayor (junto con su hermana gemela Paola) de cuatro hijos de una familia sefardí. Su padre, Adamo Levi, hábil en matemática, era de profesión ingeniero eléctrico y su madre, Adele Montalcini, una pintora con gran talento. Trabajó en una panadería para costearse los estudios hasta 1929, a pesar de su alergía a la levadura. Haciendo caso omiso a las exigencias paternas de no estudiar para ser buena madre y esposa, Rita se matriculó en la Facultad de Medicina de Turín en 1930. Se licenció en 1936. Trabajó como ayudante del famoso histólogo italiano Giusseppe Levi hasta que en 1938 el Manifesto della Razza, publicado por Benito Mussolini, prohibió a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional. Durante el trancurso de la Segunda Guerra Mundial, construyó un laboratorio en su propio hogar en donde estudiaba el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones de pollo, lo que le valió como base para futuras investigaciones. Su primer laboratorio genético lo tuvo en su mismo cuarto. En 1943, su familia se traslado a Florencia, y con ella se llevó su laboratorio. En 1945 volvieron a Turín.
En septiembre de 1946 aceptó una invitación de la Universidad de Washington (Saint Louis), bajo la supervisión del profesor Viktor Hamburger. Aunque en un principio la estancia debía de ser por un solo semestre, se quedó 30 años. Fue aquí donde hizo su trabajo de mayor importancia, sobre los factores de crecimiento, por el que en un futuro le darían el premio Nóbel. Se hizo profesora en 1958 y en 1962 estableció una unidad de investigación en Roma teniendo así que dividir su tiempo entre Roma y Saint Louis.
De 1961 a 1969 dirigió el Centro de investigación Neurobiológica de Roma y de 1969 hasta 1978 el laboratorio de biología celular.

miércoles, 15 de abril de 2009

Abril es el mes más cruel

EL ENTIERRO DE LOS MUERTOS

Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas de la tierra muerta, mezcla
memoria y deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo calientes, cubriendo
la tierra con nieve de olvido, alimentando
un poco de vida con tubérculos secos.

El verano nos sorprendió, pasando sobre el Starnbergersee
con una cortina de lluvia; hicimos un alto bajo la galería de columnas,
y continuamos a la luz del sol, adentrándonos en el Hofgarten,
y bebimos café, y hablamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños, pasando una temporada donde el archiduque,
donde mi primo, él me sacó en un trineo,
y yo estaba asustado. Él dijo, Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y para abajo fuimos.

En las montañas, allí uno se siente libre.
Leo, gran parte de la noche, y voy al sur en invierno.
¿Qué son las raíces que se prenden, qué ramas brotan
de estos escombros minerales? Hijo de hombre,
nada puedes decir, o adivinar, ya que sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol golpea,
y el árbol muerto no ofrece refugio, ni el grillo consuelo,
ni la piedra seca rumor de agua. Sólamente
hay sombra bajo esta roca roja,
(ven bajo la sombra de esta roca roja),
y yo te enseñaré algo diferente, tanto de
tu sombra en la mañana avanzando a tus espaldas
como de tu sombra a la tarde creciendo para encontrarte;
yo te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind
Der Heimat zu
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?

"Me dijiste jacintos por primera vez hace un año;
me llamaron la chica de los jacintos"
-Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los jacintos,
tus brazos llenos y tu pelo mojado, no podía
hablar y me fallaban los ojos, no estaba nivivo ni muerto, ni sabía nada,
mirando en el corazón de la luz, el silencio.
Oed' und leer das Meer.

Madame Sosotris, famosa vidente,tenía un fuerte resfriado, sin embargo
es conocida como la mujer más sabia de Europa,
con una perversa baraja. Aquí, dijo,
está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(perlas son estos que fueron sus ojos. ¡Mirad!)
Aquí está Belladonna, la Señora de las Piedras,
la dama de las situaciones.
Aquí está el Hombre de los Tres Bastos, y aquí la Rueda,
y aquí el mercader tuerto, y esta carta,
que está en blanco, es algo que lleva él en la espalda,
que me está prohibido ver. No encuentroal Hombre Ahorcado. Tema la muerte por agua.
Veo multitudes de gente, dando vueltas en un círculo.
Gracias. Se ve a mi querida Mrs Equitone
dígale que yo misma le llevaré el horóscopo:
en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

Ciudad irreal,
bajo la niebla parda de un amanecer de invierno,
una multitud fluía por el Puente de Londres, tantos,
no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.
Se exhalaban suspiros, breves y poco frecuentes,
y cada cual llevaba los ojos fijos ante los pies.
Fluían cuesta arriba y bajando King William Street,
y donde Santa María Woolnoth daba las horas
con un sonido muerto en la campanada final de las nueve.
Allí vi uno que conocía y lo paré gritando:"¡Stetson!
¡Tú, que estabas conmigo en las naves de Mylae!
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a retoñar?¿Florecerá este año?
¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho?
¡Ah, mantén lejos de aquí al Perro, que es amigo del hombre,
o lo volverá a desenterrar con las uñas!
Tú! hypocrite lecteur! - mon semblable, - mon frère!"
(T. S. Eliot)
 

sábado, 11 de abril de 2009

Abril, ¿es el mes más cruel?

# Exhibición de atrocidades: El hundimiento del Titanic



El Titanic debía zarpar desde el puerto de Southampton, el 10 de abril de 1912 la gente estaba muy emocionada, todo parecía un sueño. Los días transcurrieron sin novedad, pero el 13 de abril empezaron a llegar los primeros informes de avistamiento de bloques de hielo en la ruta; al menos una docena de mensajes pudieron ser recibidos antes de que el telégrafo Marconi fallara por un lapso de 10 horas.
Restablecida la comunicación en la cabina de radio, los radio-telegrafistas empezaron a recibir avisos de peligro de icebergs, los cuales fueron ignorados o no tomados muy en cuenta por la oficialidad reemplazante.
El clima se enfrió a medida que se acercaban a los grandes bancos de Terranova y el capitán ordenó alterar un poco el rumbo para pasar más hacia el sur de los grandes sectores de icebergs. La velocidad era de 22 nudos. El último atardecer del 14 de abril sorprendió al Titanic navegando en aguas muy tranquilas. Cuando la noche, muy helada, cayó, el buque navegaba en una zona de aguas quietas sin oleaje, un verdadero espejo líquido negro, lo cual era un inconveniente para avistar icebergs. El capitán Smith consultó de nuevo al vicepresidente de la compañía, si podía reducir la velocidad, pero no obtuvo la aprobación de éste; Smith ordenó entonces redoblar la guardia en los mástiles.


El impacto se produjo a las 23:45; a las 00:00 la mala noticia de que el buque estaba muy tocado.
El hundimiento se saldó con 1.500 muertes aproximadamente, muertos por ahogamiento o hipotermia (de acuerdo a la investigación del senado de los EE. UU.), debido a que el buque, aun cumpliendo con la legislación vigente, no llevaba botes salvavidas para todo el pasaje y tripulación. Fue uno de los peores desastres marítimos en tiempos de paz de la historia y quizá el más famoso.

El Titanic ha protagonizado un gran número de películas y series, siendo la más destacada la película estrenada en el año 1997, obra del director canadiense James Cameron, que consiguió ser un gran éxito de crítica y público, ganando 11 Oscar, y convirtiéndose en la película más taquillera de la historia, con una recaudación mundial total de 1.800 millones de dólares. Otras obras que cuentan la historia del Titanic son:
Saved from the Titanic (Salvada del Titanic) (1912).
In Nacht und Eis (1912).
Atlantic (1929).
Titanic (1943).
Titanic (1953).
A Night to Remember (1955).
The Sinking of the Titanic (El hundimiento del Titanic), música compuesta por Gavin Bryars en 1969.
S.O.S. Titanic, película de TV (1979).
Raise the Titanic (1980).
Titanic, TV mini-series (1996).
La camarera del Titanic (1997).
Titanic (1996). Protagonizada por Catherine Zeta-Jones.
Titanic (1997). Dirigida por Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.

jueves, 9 de abril de 2009

Eva insegura

(Este relato ha sido publicado en Más humanas, además del humor y del juego irónico con lo femenino y lo masculino, habla de inseguridad, de la ceguera en la elección amorosa, de no saber elegir, de no poder hacerlo, de equivocarse, etc...)

Nos quejamos porque sabemos que podemos elegir… y no lo hacemos.
Siempre he sido reacia a practicar deporte. Pero justo antes de que Adán complicara mi vida, en un periodo de transición casi místico, aún más estático y alejado de la actividad física de lo habitual en mí, se produjo una grieta, un lapso de tiempo más bien olvidable en el que me convertí en portera de hockey.
Acepté ocupar esa indeseable posición pasiva en el terreno de juego a causa de la presión a la que me sometieron mis mejores amigas, inimaginables en su adolescente terquedad, porque pensaron que yo estaba enferma o algo por el estilo y de ese modo me iban a rescatar de un letargo casi satánico en el que me veían sumida desde que habíamos estudiado a San Juan de la Cruz y les recitaba terca y vehemente la Llama de Amor Viva.
Amistades aparte, ahora que lo pienso con frialdad, tal vez la necesidad imperiosa del profesor de Educación Física y su deseo de promocionar el hockey femenino, inexistente en nuestra ciudad, pesó más de lo debido. Necesitaban una guardameta, y ¿quién mejor que yo –inexperta en darle al palo y con unas ansias endémicas de contemplación interior- iba a querer defender una portería siempre dispuesta a ser goleada por el ritmo frenético de las fulleras competidoras que iban a componer los equipos?
Poco a poco, sin embargo, el hockey me fue sacando de mi adormecimiento adolescente y el deporte mismo en conjunción conmigo se fue abriendo a la gente y alcanzando cierta notoriedad. Aunque yo no parase muchos goles y como portera dejara mucho que desear (me di cuenta de que no me iba nada esa posición en el terreno de juego), a los quince años era la portera de hockey más famosa en unas millas a la redonda, apoyada por un fandom bastante “aceptable”.
Los clubes de fans no eran habituales en mi ciudad, se trataba de una ciudad costera de provincias donde los campos de deporte tenían que reservarse con semanas de antelación. Por aquel “entonces”, nos debíamos apuntar desde principio de temporada en unas listas interminables para poder disfrutar de un tiempo casi tan escaso como el que tarda en llegar desde la sien a la barbilla una gota de sudor procedente de la quema de cuatro calorías. Los chiringuitos playeros tenían, como ahora, mucha aceptación y se les encontraba por todos los rincones del litoral ofreciendo comida barata, sin faltar nunca, eso sí, el consabido menú de pescado frito saturado de grasa y con harina suficiente para repellar la Iglesia de Valdemoro como poco. Quizá precisamente por eso, porque en una ciudad así había pocos alicientes a pesar de Torremolinos, las discotecas psicodélicas, las boleras, o los batidos del 24 Horas, llegó a alcanzar cierta notoriedad una chica de pelo largo plantada expectante en el centro de una portería ridícula, pertrechada con un palo de madera de considerable longitud terminado en un peligroso garfio, una careta tipo Hannibal Lecter, unos guantes rígidos y toscos como de instalador del gas y unas guardas que llegaban hasta la mediación de los muslos, si bien consideradas como unas sofisticadas y excitantes medias con ligueros por la fantasía calenturienta de algunos pervertidos. Mirándolo con la perspectiva histórica que dan los años, semejante imaginación derrochadora por parte de aquellos seguidores acalorados podría estimarse como un signo de salud mental, de mentalidad preclara, por qué no, una muestra de visión radical y anticipatoria cercana a cierta idea de posthumanidad, de ciborg femenino, de Eva futura, de mujer sadiana o de Eva a secas, sin ningún Adán que la acompañase en el futuro.
El Femenino, así llamado sin más sutilezas, era el equipo de hockey mejor considerado en el misceláneo panorama local compuesto por dos equipos locales femeninos. La Coleta Rabiosa era el segundo en jerarquía, y aunque se suponía que uno era de Instituto público y el otro de privado, ambos tenían estudiantes de uno y otro lado. Algunas de mis mejores amigas jugaban en La Coleta Rabiosa, el equipo contrario, pero durante los partidos todas ellas se convertían en furiosas oponentes, violentas, y en cierto modo, peligrosas. A pesar de que los dos equipos tenían club de fans, el nuestro arrasaba sin duda en número de miembros y en pasión deportiva.
Nuestros aficionados se situaban detrás de la portería, aplaudiendo sin cesar y coreando con sus ¡vivas! cualquier jugada ya fuera buena o mala, con un entusiasmo que siempre me parecería desproporcionado. Los seguidores de la portería, además, aquellos que comprenden la tremenda soledad de la portera, su incomodidad ante la pesada vestimenta de presidiario pacato, tenían en cuenta que en mi caso el aislamiento era todavía mayor. Mis compañeras, jugadoras feroces donde las hubiera, no dejaban apenas que la pelota se acercase a mi portería, manteniéndola entre sus palos coléricos durante casi todo el partido, conservándola en su poder con uñas, dientes y ojos, como se demostró en una ocasión en el caso incontrovertible de un partido de competición en el que una delantera de mi equipo consiguió detener con el ojo izquierdo una bola imparable que iba directa a entrar en mi portería: un gol que habría significado pérdida de partido y de Liga. El pobre ojo de mi querida compañera, Penuria Alas, quedó orgullosamente despanchurrado e irrecuperable, pero ella hubiera preferido perder los dos antes que la Liga. ¡Bendito sea el deporte!

Adán apareció por entonces en mi vida por la puerta falsa, y a fuerza de recitar poemas consiguió plantarse en la principal. Mi enamorado era un estudiantillo medio poeta a la antigua usanza, vestido de vaquero de la cabeza a los pies aunque no estuviera en el Oeste, a quien no le interesaba lo más mínimo la mujer mutante que yo sentía crecer en mí, ni la Eva futura, ni la futura mujer en general. Él era sobre todo un Adán y buscaba una Eva de las de toda la vida.
Nunca menosprecies a tu enemigo, asegura una máxima aprendida a fuerza de sudor y lágrimas después de conocerlo. Adán, que se creía Eliot Ness por entonces, consiguió como por arte de magia transformarse de repente en Pablo Neruda cuando cometí la mayor estupidez de mi vida, esto es, confesarle que mi poema más admirado entre todos los poemas del mundo era el número veinte del libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Pues bien, esta inocente confesión no quedó en el olvido y él, ni corto ni perezoso y sin mediar palabra, se presentó al día siguiente en el campo de juego con ojeras de no haber dormido en toda la noche, justo antes del partido más importante de la Liga, dispuesto a leerme un pliego de varios metros de largo, enrollado convenientemente para la ocasión, con un montón de versos escritos por él mismo, muy por encima, según se atrevió a decir, de los escritos por el escritor chileno.
Temblé de estupor mirando el interminable rollo. Confundida, que es como nunca debes quedarte ante tamaña jugada porque luego te marcan los goles, los penaltis y lo que haya que marcar, y a pesar de ser débil de corazón, que por entonces latía disparado a muchos kilómetros por hora cuando miraba las ojeras de James Dean, me resistí como gata panza arriba y le prohibí terminantemente, amenazándolo con mi robusto palo de hockey, leerme el interminable poema o hacerme una escenita como era habitual en él, que odiaba a mis fans, mi deporte y que yo existiera siquiera sin su persona.
Fue inútil. Erre que erre, esperó su momento con paciencia infinita. Se parapetó detrás de la portería durante todo el partido con ojos de cordero degollado, humedecidos y rojos a causa del humo del cigarrillo negro que no se quitaba de la boca, como si llevara ocho meses atento a la meta con las lentillas de Drácula encajadas en los hundidos globos oculares.
Al acabar el partido salí zumbando hacia el vestuario huyendo despavorida y espeluznada ante la idea de que me pudiera alcanzar, pero Adán paralizó mi carrera saltando sobre mí como un repelente murciélago y abatiéndome con su sanguinolenta mirada incisiva y el temible legajo. Así que allí mismo, sentados en las gradas del campo ante la mirada atónita de mi entrenador, provista todavía de guardas, careta y guantes, secándome el escaso sudor del irrisorio juego que me habían permitido mis compañeras por lástima en el campo, aspirando acongojada un humo repugnante, oí en la lejanía cómo aquella voz quebrada por el estremecimiento recitaba un absurdo plagio de mi poema más amado.
Y así oí con una desazón tendente al espanto que allí donde Neruda había escrito su magnífico principio Puedo escribir los versos más tristes esta noche... que a mí me había ocasionado hasta entonces casi derramamiento de lágrimas, Adán soltaba su particular comienzo En esta noche podría escribir el más bello poema..., y que donde continuaba el poeta... escribir por ejemplo la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos..., él había endosado que hablara de las noches celestes y las estrellas mudas...; el viento de la noche… no giraba en el cielo y cantaba… sino que la noche se estrellaba con sonidos celestes…; y el verbo querer se conjugaba de un modo más bien disparatado y donde ella me quiso, a veces yo también la quería… se pasaba a un la había querido siempre cómo no amarla entonces… y la noche está estrellada… fue un estrellar la noche hasta precipitarme en un vacío en el que hacerme confundir el poema admirado con el suyo fue todo uno, hasta profanarlo, contaminarlo, desintegrarlo en definitiva para siempre en mi memoria.
En aquella jornada adversa los goles estuvieron a la orden del día…
Era un chico muy moreno, nunca me habían gustado los morenos. Sus ojos eran azules, nunca me habían gustado los ojos azulados y, menos, el contraste. Sus facciones eran perfectas, casi femeninas, nunca me habían gustado los hombres de facciones perfectas, me entusiasmaban las desproporciones e incluso las deformaciones. Era sólo un años mayor que yo, siempre me habían gustado los hombres muy mayores, más bien tirando a viejos. No me deshice de él hasta bien pasados siete años. ¿Debería atribuirlo a mérito suyo o a un estrepitoso fracaso personal?

viernes, 3 de abril de 2009

De la debilidad y la fortaleza

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.
No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro,
él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.
El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!
Emily Dickinson (Amherst, 1830-1886)